sábado, 19 de noviembre de 2011

Oh, shit.

Nada. Nunca. Es IMPOSIBLE. Nada me sale bien. Incluso cuando todo marcha sobre ruedas... aparece un bache. Un bache que ves desde lejos de lo grande que es. Un bache dispuesto a hacerte tropezar, dispuesto a ponerte a prueba. Tan alto, tan alto, que parece imposible de saltar. Lo ves desde lejos, desde muy lejos. En el mismo instante que te subes en la bici. Tomas la primera curva y ahí está. Una calle soleada, bella, perfecta, tanto que parece imposible de estropear... demasiado perfecta. Tan perfecta... que es imposible que sea real. Entre flores y rayos de sol ahí está a lo lejos. Siempre hay un obstáculo, y a medida que te acercas parece cada vez más grande. Al principio, desde lejos, lo ignoras. Piensas: "No es nada, no importa...¡mira qué paseo tan bonito! Nada malo me puede pasar ahora" Y de repente te vas acercando... y acercando... y cada vez más... y has estado tan pendiente de disfrutar el camino que cuando lo tienes encima ya no sabes qué hacer. Te chocas de frente con el bache. Te estampas con él como si de una comedia se tratase, de una forma tan inesperada que el golpe te duele más. Te duele. Tu bicicleta choca con él, y las ruedas sobre las que ibas se descolocan, desaparecen. La cadena se sale, el sillín se rompe, y tú no sabes qué hacer. Comienzas a cerrar los ojos del pánico, gritas, lloras y finalmente caes... y el proceso se repite. Cierras los ojos, gritas, lloras... Estabas tan feliz, tan despreocupado, no te importaba nada... Habías pasado de conducir tu vieja bicicleta rota y oxidada a encontrar una nueva, o simplemente a encontrar un buen mecánico que la arreglara. Estabas TAN FELIZ... que el golpe te sentó peor. Todo lo recuperado comienza a desmoronarse, ves caer tu sonrisa en el espejo roto de tu bici... Nada... ¡Nunca! Nunca puede salir bien NADA. Siempre está ahí... un puto bache. Un socavón en la acera, una montaña en medio del terreno... que conforme te acercas a ella te das cuenta de su gravedad. Que cuando te das cuenta de su gravedad no puedes hacer nada... ¿y qué ibas a hacer? Todo pasa por algo, y esto pasó así, de repente, quizás demasiado rápido, quizás tan rápido que no dio tiempo a reaccionar, simplemente nos dejamos llevar. Cruzamos hacia el camino más soleado, sin pensar en que las bonitas nubes esponjosas pronto harán llover. Nos lanzamos al río más grande, sin mirar lo que había en el fondo. Llegamos a la cima... y entonces nos dimos cuenta que la vista estaba tapada por los árboles. Pero, ¿qué íbamos a hacer? La vida nos sonreía, después de mucho tiempo dándonos la espalda, después de mucho tiempo de oportunidades tiradas, de anzuelos mordidos. La vida nos sonreía, sí, por fin lo hacía. Después de tanto tiempo... que habíamos olvidado lo hipócrita que es. Y es que cuando piensas que las cosas han cambiado por fin, siempre te continúa criticando a tus espaldas. Piensas que te quiere, que ha aprendido a valorarte, que se acabaron las putadas. Y entonces, justo en ese momento, cuando te acababas de reconciliar con la vida, descubres que sólo era eso: una hipócrita. Te insultaba a tus espaldas, planeaba tu derrota, y muy acertadamente. La vida nos conoce. SIEMPRE nos hiere donde más nos duele: en el corazón. El mío debe de estar descuartizado... he pasado por tantos baches... He llorado, he gritado y he cerrado los ojos debido al pánico. Pero esto es demasiado, esto es de no tener piedad, hijoputismo puro. De verdad, nunca jamás dejéis que la vida os ponga en peligro entre el amor y la amistad. Los dos sentimientos más fuertes, puede que junto con el odio. Tan fuertes, que juntos son capaces de apuñalarte muy duramente. Los dos sentimientos tan iguales, te hacen sonreír, llorar... Mis dos sentimientos favoritos, y los sentimientos que NUNCA me gustaría tener que interponer. Sigo sin entenderlo, ¿es que nada puede ir bien? ¿Es que todo el resto de nuestra vida se va a componer de decepciones? ¿Quién escondió tan bien la felicidad? ¿Y porqué nunca encuentro a nadie que me ayude a buscarla? Siempre hay pegas... SIEMPRE. Cuando más empezaba a pensar que las mejores cosas llegan cuando menos te lo esperas, empiezo a creer que no es cierto, que esas "cosas buenas" sólo son una pausa entre una putada y otra. Baches, baches everywhere. Estoy un poco hasta los huevos de los BACHES. ¿No podíamos ser como el viento? Que no le afecta nada que se encuentre en el camino. Que se desliza entre esos baches y no le causan daño alguno. Algo tan simple como el viento, como el aire... y disfrutar cada momento... y no chocarte a cada segundo... poder flotar libre. Poder volar. Libre de obstáculos. Para siempre.

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